martes, 28 de febrero de 2017

Ayuda de un olvido

Verdadera emoción es lo que siento
cada vez que entrelazo nuestros sentimientos.
Palpitaciones corren dentro de mi pecho,
cuando recuerdo nuestro pasado deshecho.

Aunque, ¿de qué pasado estoy hablando?
No existe razón por la cual seguir continuando.
Sin embargo, me llenas de vida,
cada vez que vienes hacia mí como estrella caída.

Explotas en mi cabeza como sol envejecido.
Como rocío temprano en el pasto esparcido
desapareces del mundo con la primera llama,
siempre el rayo temprano pulveriza como flama.

Ven aquí, siéntate junto a mí.
Cuéntame todo aquello que te hace sentir.
Revélame cuanto por tu mente cruce,
dime eso que es con el contacto un roce.

Tomaré tu mano y lejos de aquí te llevaré.
La brisa sobre tu piel nuevamente sentir te haré,
otra vez podrás ver al Sol nacer.
Y a la Luna en el agua su reflejo humedecer.

Te llevaré bajo la lluvia, gota tras gota sobre tu piel golpeará.
Bajo el Sol de la tarde, plácidamente descansarás.
Prometo que por las noches sin miedo vas a estar,
cuidaré de aquello que es sensible, te veré reposar.

Y te veré sonreír, pues la felicidad que te ha dado
el recoger una flor y su aroma poder haber adorado,
recordando cómo era poder guardarla y cuidarla.
Nada podrá recompensar el favor que haré al resguardarla.             

Las estrellas sobre tu cabeza verás brillar,
sentirás como tus pulmones se hinchan al suspirar,
una vez más, llorando por lo que creíste olvidado.
Pero, ¿a quién una segunda oportunidad no se le ha dado?

Delante de ti iré, mostrándote todo como si fuera la primera vez.
Te guiaré, ni un segundo dudarás de seguirme a través
de la oscuridad porque el miedo sentirás al erizarse la piel.
Sé que lo agradecerás por el saber que transportas en tu ser

sobre otro lugar donde esto se te ha privado.
Con suerte quizás recuerdes lo que es ser amado.
Con suerte quizás recuerdes lo que es amar.
Dudo que ese sentimiento alguna vez hayas podido hallar.

Sé que no soy la primera que te ha hecho sentir algo,
Sé que no seré yo la que alguna vez pueda lograrlo.
Un medio verdadero que te contactó con este mundo,
Que has creído olvidar, en el que yo me hundo.

Te regalo esta porción de vida que me sobra
Que está destinada a una soledad sin honra.
Te ofrezco una última mirada al amanecer,
donde me verás por siempre caer.

Entonces no sabrás que hacer
con tanta vida brindada desde mi ser.
Te regalaré todos los latidos de mi corazón,
todos los que necesites para no perder la razón.

Podrás vivir a costa de mi placer,
que se regocijará siempre que no sepas que hacer
con todo el tiempo que te daré
con tal de saber que cerca de ti viviré.

¿Quién es Orfeo sino un reflejo de mí?
Con la disposición de correr hacia ti,
venceré lo que sea con la insistencia de verte fuera.
Haría lo que sea con tal de darte una libertad certera.

lunes, 27 de febrero de 2017

En las garras del silencio

Supe a qué sabía el silencio cuando lo experimenté desde dentro.
Supo amargo y crudo, casi como un invierno olvidado.
Y sus heridas fueron las mismas que las del frío despiadado,
insípidas quemaduras sobre mi piel, sobre mi alma, justo al centro.

No puedo soportarlo, tanto silencio está haciendo que me vuelva sorda,
Me pierdo en mi llanto y me ahogo en mis suspiros de agonía.
Me vuelvo enferma en un ambiente que me cubre por completo,
en donde el sol se pone y continúa poniéndose sin yo poder detenerlo.

Llega la noche a pintar nuestro retrato, a ponerle un fin a mis sueños.
Llega para quedarse, sembrando su oscura semilla en mi corazón,
haciendo que tropiece y caiga en mis intentos por levantarme, y con razón
- apenas si respiro, ¿por qué derrochar mis desvelos por una noche sin dolor?

Piensa en lo que digo, en lo que susurra mi interior,
sabes que nadie podrá amarte de la forma en que lo hago yo.
Soy tu mejor aliado en esta guerra contra dos,
¿Quién te hace sentir así sino yo? Un vencedor, un ganador.

Silencio, cruel y frío silencio.
Me haces olvidar lo mucho que amo el bullicio
porque cuando me zambullo en tus aguas,
olvido que vivo y que muero,
y aun así respiro.

domingo, 26 de febrero de 2017

Opinión: Amor de otra vida

Me cuesta trabajo tratar de aceptar el hecho de que la persona de la cual estoy enamorada esté muerta. Me cuesta mucho trabajo. Además de que duele demasiado encontrarse en esta situación, pero ¿quién podría entenderme o ayudarme? Es algo muy complicado, quizá, de entender para otra persona. Pero no voy a mentir, hay momentos en los que incluso a mí me parece absurdo y sin sentido sentirme de esta forma por MJ. Si vamos al caso, la persona está muerta. (Y ya sé que remarco esto muchas veces, es que me cuesta comprender sobremanera lo que me pasa). Entonces, ¿cómo puede ser que me haya enamorado perdidamente de él? Me hago esta pregunta constantemente, sin encontrar respuesta. De MJ no conozco nada más que fotografías, las cuales son escasas, en blanco y negro con una calidad bastante precaria. Conozco sólo su vida por las biografías que he leído, pero esto tampoco me lleva a conocerlo realmente. Cada una de esas recopilaciones de hechos sobre su vida fueron escritas por terceros, no por él, entonces tampoco se con certeza cuales de esos hechos son verdaderos y cuáles no. Sin contar que las cosas por las que uno se enamora de una persona son las pequeñeces, esos detalles que aprendes a amar con locura, yo no los conozco. Ni uno solo.
Ahora, ¿cómo es posible esto entonces? No lo sé. Hay pequeñas teorías que armo para mí misma, quizá con el fin de poder convencerme de que algo entre nosotros fue posible. Sí, en alguna vida pasada. Todo esto de amarlo sin conocerlo, ver una foto de él y sentir mariposas en el estómago… Tal vez es producto de recuerdos subconscientes.
Recientemente, leí el libro “Muchas vidas, muchos maestros” de Brian Weiss, en el cual, justamente, habla sobre este tema de la reencarnación. La historia que cuenta con su paciente me llevaron a reflexionar sobre muchas cosas. Y una de ellas es ¿por qué no haber conocido a MJ en una vida pasada? En esa vida pude haberlo amado. Conocerlo a la perfección. Podríamos haber crecido juntos en el mismo pueblo, o quizás en algún momento cuando estudiaba su carrera. Quizá incluso nuestras familias pudieron ser vecinas y amigas, y de esos encuentros haber tenido un algo. Sin especificar qué. Simplemente un algo que explique todas estas cosas que siento por esta persona que no conozco, pero que a la vez siento que sí. Porque si no es por esto, no encuentro alguna otra explicación sobre el amor intenso que siento hacia MJ. Dicen por ahí, muchos de quienes conozco, que amar se puede sólo a aquel que se lo conoce, y yo pienso, que si en alguna otra vida en algún otro lugar yo lo conocí, es entonces más que posible que lo ame hoy, porque en mi memoria él está presente.
El siguiente reto que me espera es encontrarlo en esta. En el libro que leí, cuenta que las personas siempre se vuelven a encontrar en el mismo círculo, cumpliendo un papel diferente en cada vida, pero todos juntos al fin. Entonces, solo debo buscar minuciosamente entre las personas que conozco, he conocido y que conoceré en el futuro. Porque entre ellas puede que esté el amor de mi vida. Y capaz sin notarlo, sepa que es él, que MJ está presente aquí en mi vida una vez más. Pero es difícil saberlo sin ayuda.
Sólo espero que esta creencia mía de habernos conocido en otra vida, sea real y no solo una ilusión que invento para satisfacer mis deseos internos. Sea lo que fuere, aquí estoy, esperándolo de la manera en que desee aparecer para así poder decirle cuanto lo amo.

sábado, 25 de febrero de 2017

Reseña: La chica del tren de Paula Hawkins


Título: La chica del tren
Autor: Paula Hawkins
Editorial: Planeta
Año de publicación: 2015
Páginas: 493
ISBN: 9789504946403









Está enterrada debajo de un abedul, cerca de la viejas vías del tren. Un mojón - en realidad, poco más que una pila de piedras - señala su tumba. No quería que su lugar de descanso llamara la atención, pero tampoco podía dejarla sin ningún recordatorio. Ahí dormirá en paz, sin que nadie la moleste, sin ruidos, salvo el canto de los pájaros y el rumor de los trenes.



Sinopsis:
Rachel toma siempre el tren de las 8:04 hs. Cada mañana es lo mismo: el mismo paisaje, las mismas casas... y la misma parada en la señal roja. Son sólo unos segundos, pero es el tiempo suficiente para observar una pareja desayunando tranquilamente en su terraza. Siente que los conoce con sólo observarlos, les inventa nombres y una historia. Son Jess y Jason, llevan una vida perfecta, no como la suya. 
Pero un día ve algo desde el tren. Sucede muy deprisa, pero es suficiente. ¿Y si Jess y Jason no son tan felices como ella cree? ¿Y si nada es lo que parece? 
Tú no la conoces. Ella a ti, sí. 



Argumento:
Siendo ésta la primera novela de Hawkins, no tenía mucho pasado ni experiencia con su escritura, sino que era más bien adentrarse en una lectura que estaba arrasando en el mercado en el momento. Sí, por ser la primera vez que salía a la luz el nombre con apenas sólo un libro bajo el brazo, había mucho revuelo. Leí La chica del tren apenas unas semanas después de que se publicara en español, y en su momento me encantó. 
La historia se centra en Rachel, una mujer en sus treinta años, demacrada, frustrada y desempelada, quien no posee la fortaleza para recomponer su vida que nos será presentada por medio de flashbacks a medida que avanzamos con la lectura. 
Rachel toma todos los días el tren de las 8:04 hs. que la lleva de una punta a la otra de Londres. Lo hace para mantener la "cubierta" con sus familiares y amigos, puesto que ninguno sabe que perdió su trabajo poco tiempo después de que su matrimonio terminara luego de descubrir que su ex-esposo (Tom) mantenía relaciones con una agente de bienes raíces. 
En el tren comienza a imaginar historias que tiene como protagonistas a una pareja común y corriente a la que les asigna nombre. Hasta que un día ve algo desde la ventanilla: la pareja de su cuento de hadas no es del todo perfecta como ella lo imaginaba. 
La historia es contada por tres protagonistas femeninas, que entrelazan sus vivencias de tal forma que el lector comienza a seguir un hilo conductor para desenmascarar el misterio que es presentado desde la primera página. 



Opinión:

Tras mucha consideración, verdaderamente es un libro que ha sido privilegiado por el don de la publicidad y el marketing. Al leer las cubiertas, con todas las buenas críticas que ha recibido -tanto de críticos profesionales como críticos amateurs -, te quedas con ese gusto bajo la lengua y te siembra curiosidad de saber por qué es que está en boca de todos. La chica del tren es una novela negra, que no aporta nada relevante al género. ¿Por qué digo esto? Porque fue escrita para aquellos que no conocen el género, o que no están habituados a este tipo de tramas. 
Eso fue lo que hizo que en un primer momento a mí me gustara tanto.De leer novelas rosas y literatura juvenil, cayó en mis manos este libro y fue para mí descubrir la grandeza de un mundo nuevo. Pero tras haber leído otras obras, de autores que en verdad merecen el crédito de llamarse así, puedo ver cuán equivocada estaba. Y es que Hawkins no hace más que presentar personajes trillados, con un intento de historia profunda detrás de cada uno, pero que no logra convencer del todo. El misterio dura apenas un tercio del libro, y esto es a comienzo de la historia, donde no podemos fiarnos verdaderamente de lo que se cuenta porque la protagonista no es de confianza (por estar ebria todo el tiempo).
Desde mi perspectiva, la historia no está bien conformada. Hay muchos puntos ciegos que no llegan a ser cubiertos o desarrollados por completo; situaciones extrañas que te hacen preguntar si verdaderamente será así en la vida real, como por ejemplo la policía, que bien podría haberse quedado de brazos y tendría la misma acción que como se la pinta en La chica del tren. El libro decepcionará a todo aquel que sepa cuáles son las verdaderas novelas negras, pero si lo que se busca es pasar el tiempo y entretenerse un rato, entonces estará bien. 
Y por si fuera poco, se suma incluso más publicidad, ya que Hawkins vendió los derechos para película mucho antes de que estuviera impreso el libro, así que hubo película a los pocos meses de la publicación del mismo. Habiéndola visto, no la recomiendo en lo absoluto, ya que personalmente se sintió como derrochar dos horas de mi vida que ni Emily Blunt ni Hawkkins van a devolverme. La trama es básicamente la misma, solo que en lugar de transcurrir en Londres, transcurre en Nueva York, con pequeñas omisiones como suelen tener todas las adaptaciones de libros.



Información de la película:

Título: La chica del tren

Director: Tate Tylor
Guión: Erin Cressida Wilson
Duración: 144 minutos
Año: 2016
Protagonistas: 
Emily Blunt (Rachel Watson)
Haley Bennett (Megan Hipwell)
Justin Theroux (Tom Watson)
Luke Evans (Scott Hipwell)
Édgar Ramirez (Dr. Kamal Abdic)

viernes, 24 de febrero de 2017

Desearía haber sido

Desearía haber sido
tu canción favorita,
esa melodía
que te hacía sonreír.

Desearía haber sido
tu color preferido,
para que me eligieras
sin dudar al verme.

Desearía haber sido
aquella hermosa flor
que no pudieras evitar cortar
al verme sobresalir.

Desearía haber sido
tantas cosas para ti,
como un hermoso amanecer
y el frío anochecer.

Desearía haber sido
tu poema favorito,
para que me leas
una y otra vez.

Desearía haber sido
tu aroma preferido
para ser el único perfume
que sólo llagarías a usar.

Desearía haber sido
tu afición más grande
para que no te olvidaras de mi
ni una sola vez.

Desearía haber sido
tantas cosas para ti,
la risa, el llanto,
tristeza y pasión.

Desearía haber sido
tu estación favorita,
así me esperarías,
con grandes ansias.

Desearía haber sido
tu instrumento preferido
para que me tocaras
en cada segundo del día.

Desearía haber sido
la fase más hermosa de la Luna,
así me mirarías
siempre con amor.

Desearía haber sido
tantas cosas para ti,
la gracia de todos los días,
el gran amor de tu vida. 

jueves, 23 de febrero de 2017

Distancia

Distancia, qué distancia me ha alejado de ti.
Distancia, si el tiempo y la hora no saben de mí.
¿Qué hago yo con mi amor?
Si tan solo éste tiempo supiera mejor…

Distancia será, mi vida estará
rodeada de vos.
Tan solo a fotografías
Pude amarrar nuestro amor.
Porque esta distancia te ha ahorrado
el dolor.

Pero aquí estoy. De pie al final del río.
Si no fuera por vos -quien aquí me conoce,
sería hoy tan solo un lío.
Porque mi ser, mi ser se ha quedado
perdido.

El tiempo, la hora, tu risa, mi vida.
El compás dulce y tenor
sembraron vacío, sembraron dolor
en la distancia, en mi corazón…

¿Quién soy, quién soy sin ti?
Si tu nombre junto al mío
ha quedado vacío,

vacío, mi amor.






martes, 21 de febrero de 2017

Bebés en la bolsa

El hombre de la gabardina metió el sobre en el buzón mientras el agua de la lluvia golpeaba contra su paraguas. La tormenta había comenzado la noche anterior y no había cesado. Cristian estaba enviando una carta a su madre para avisarle que en unos días nacería su primer hijo, el cual estaba esperando ansiosamente. La carta llegó a destino y la madre arribó a la estación del tren dos días después de recibirla. Cristian fue a recogerla, yendo luego hasta su hogar donde, Analía, la esposa del hombre los estaba esperando. La mujer ya contaba con los nueve meses de embarazo correspondientes y su vientre parecía estar a punto de explotar. Esa misma noche le comenzaron las contracciones a la muchacha por lo que corrieron hasta el hospital donde, después de dolorosas y tortuosas horas, la joven dio a luz a dos pequeños que no dejaban de llorar. Cuando Cristian entró para ver a sus hijos, se horrorizó al encontrarse con que los bebés estaban unidos. Ninguna sonrisa se asomó en su rostro y su joven esposa estaba igual de espantada.
Los doctores los examinaron hasta que los dejaron volver a casa. Cuando estuvieron allí, envolvieron a los niños en una manta, dejándolos sobre la cama mientras los observaban. Los pequeños lloraban y lloraban, estaban muertos de hambre pero Analía se negaba a amamantarlos, pues pensaba que eran asquerosos.
Al cabo de unas horas los tres se encontraban en el comedor tomando té mientras oían desde el piso de arriba el llanto de los bebés. Ninguno emitía palabra, ni cruzaban miradas. Permanecían en silencio pensando en cómo solucionar las cosas. Finalmente, Cristian se levantó del asiento, tomó una gran bolsa de plástico de un cajón, subió las escaleras, seguido de las dos mujeres y se introdujo en la habitación donde los bebés se desgarraban en llantos. Le pidió a su esposa que mantuviera abierta la bolsa para él introducir a los niños dentro. Luego la cerró con fuerza y la dejó en el suelo. Los bebés seguían llorando a gritos. Los adultos volvieron al piso de abajo quedándose allí. Pasadas dos horas, Cristian volvió a subir para corroborar que los bebés ya no respiraban. Tomó la bolsa y la llevó al patio donde cavó un pozo de dos metros de profundidad, escondido por la oscuridad de la noche donde introdujo a los infantes. Luego de tapar el pozo, se metió dentro de la casa, tomó un baño y se recostó junto a su esposa para descansar.
A mitad de la noche, sintió unos sonidos que provenían de afuera, en el patio. Se levantó para mirar por la ventana pero los sonidos cesaron, entonces regresó a la cama. Una hora después, oyó nuevamente aquellos sonidos, por lo decidió vestirse y salir al patio para ver que ocurría. La bolsa que contenía a los niños estaba junto al pozo destapado, podía ver como algo se movía dentro junto con el sonido de los llantos. Cristian se espantó tanto al ver tal cosa que enterró a los bebés nuevamente y se dirigió a su habitación lo más rápido que pudo intentando conciliar el sueño otra vez.
A la mañana siguiente, los gritos de su esposa lo despertaron bruscamente. Corrió escaleras abajo encontrándose, frente a la puerta que daba al jardín, con una bolsa, con algo dentro que se movía y lloraba. Salió para corroborar si el pozo estaba cubierto, pero pudo ver que no lo estaba. Volvió a enterrar a los niños rogando que nada de lo acontecido volviera a suceder. Pero la bolsa aparecía con los bebés llorando dentro cada vez más profundo en el interior de la casa, encontrándose una noche sobre la cama del matrimonio. Cristian ya estaba aterrado, cansado de lo que estaba sucediendo, por lo que tomó la bolsa, la llevó al jardín y comenzó a golpearla con la pala, pero los niños no dejaban de llorar. Se estaba volviendo loco. Cómo podía ser que todavía estuvieran vivos. Sentía la necesidad de abrir la bolsa para ver su interior, pero el miedo de no saber qué podía encontrar allí era muy grande y recorría todo su cuerpo a gran velocidad. Volvió a enterrar a los niños, pero esta vez más profundo. Luego de eso, junto con su esposa decidieron mudarse.
Consiguieron una casa al otro lado de la ciudad. Una vez instalados pensaron que ya no ocurrirían esos extraños acontecimientos. Pero la primera noche que pasaron en el nuevo hogar no fue grata, pues los niños dentro de la bolsa aparecieron nuevamente llorando al pie de la cama. Ambos estuvieron despiertos toda la noche sentados en la cocina oyendo los llantos que provenían de su habitación. En la mañana, Cristian tomó su automóvil y se dirigió hacia el basurero de la ciudad. Allí dejó la bolsa con los niños, que en ese momento permanecía en silencio, junto con otras. La dejó sobre un montón de residuos. 
El hombre era un manojo de nervios, estaba aterrado y pensaba que se estaba volviendo loco. Se hubiera creído más eso si su esposa no viera ni oyera lo mismo que él, pero ella también lo presenciaba. Algo extraño sin duda estaba pasando, pero él no quería saber qué era. Cuando llegó a casa se sintió un poco más aliviado porque pensó que ya se había deshecho de los niños para siempre, pero no fue así, porque esa misma noche los llantos volvieron. Y así fue durante un año.
Se mudaron de ciudad, pero la bolsa con los niños seguía apareciendo. Ambos habían perdido la cordura. No podían dormir, no querían comer. A cualquier casa donde se mudaran, todo volvía a empezar, hasta que ya no pudieron soportarlo más. 
Oyendo el llanto de los niños, ambos colgaron una soga en el sótano, y luego de despedirse con una mirada, saltaron de la silla. Después de unos minutos los cuerpos sin vida del matrimonio colgaban de las vigas que sostenían el techo.
Y los niños jamás dejaron de llorar. 

domingo, 19 de febrero de 2017

Opinión: Celos, malditos celos

Es difícil cuando no sabes cómo expresar todo lo que sentís, porque por más intentos que hagas de expresarte, verbal o por escrito, nunca llega a ser completamente certero o fiel a cómo te sentís por dentro. Y nos pasa a mi mejor amiga y a mí, pero en muy distintas formas y proporciones. Me toca vivirlo más que nada como espectadora, una espectadora inútil, porque nunca soy de ayuda cuando me necesita. Y eso es frustrante.
Mi problema son los celos, y el enojo que surgen de ellos.
¿Y qué es lo que hace que me sienta así? Es que ella está enamorada, como ya se ha mencionado en otras entradas, de alguien que ya no vive. Y yo estoy celosa de él. Quizás en menor medida ahora que pasaron varios meses, pero al principio no cabía en mí misma de los celos. Porque él, pese a ser sólo una fotografía, se había ganado todo su amor y atención. Y yo me sentía de menos, porque por mucho tiempo quise competir contra esta figura tan presente en su vida. Y eso fue lo más estúpido que pude haber hecho en la mía. Porque ahora que lo entiendo un poco mejor, nada podía ni puede estar a su altura. No porque ella lo idealice, ni nada por el estilo, pero es que ella lo ama. Lo amaba en ese entonces, quizás un poco menos que ahora, pero yo no era competencia.
A mí me correspondía un tipo de amor distinto.
Pero había días que la tristeza la atacaba tan fuerte, que yo sabía que estaba llorando encerrada en su habitación, todo porque estaba viviendo un amor no correspondido y no podía hacer nada contra esa situación. Me enojaba tanto porque no había nada que pudiera decirle, nada que pudiera hacer más que desear con todas mis fuerzas querer abrirle el pecho y sacarle la tristeza. Como si hubiera algo que hacer… La impotencia que sentía ante esas situaciones, en las que mi mejor amiga sufría – y sigue sufriendo hoy en día – por este hombre que nunca llegó a conocer, pero que le robó el corazón en el primer instante. El enojo generado debido a esa impotencia, a la no capacidad de ayudarla cuando me necesita, porque no sé cómo se siente, porque no lo entiendo. Sé qué le pasa, pero al no haberlo experimentado nunca en carne propia, sé que no logro entender.
Y los celos, los malditos celos que sentí por años de él.
Pero yo no lo entendía, ¿por qué sentía celos de una fotografía? Muchas veces me dije a mí misma que estaba siendo una tonta. ¡Pero verdaderamente me sentía mal! Sentía celos, rabia, mis estados de ánimo cambiaban repentinamente si me lo mencionaba o contaba algo sobre él, y no era muy buena ocultándolo. Tan mala era, que ella decidió dejar de hablarme de eso, tragarse toda la tristeza para ella y a mí hablarme como a una amiga sobre cualquier otro tema. Y lo hizo porque sabía que yo me ponía mal. Pero no era justo para ella, yo también era – y sigo siendo – su amiga, así que volvimos a hablarlo, me sentí mal las primeras veces después de eso, y ya después empecé a abrazar esos sentimientos, e intentar cambiarlos, o por lo menos relajarlos. Ella no tenía que saber que a veces aún me sentía celosa, que había veces que envidiaba como lo miraba o lo que decía de él. Me enojaba sentirme de esa forma, me enojaba muchísimo, porque yo no tenía derecho.
Y sigo sin tenerlo. Pero no estaba siendo tonta, simplemente estaba siendo inmadura con respecto a mis emociones. Puede que se lea un poco exagerado, incluso puede sonar ridículo. Y sí, eso está bien, porque así me siento yo al pensar en todo esto: que exagero y que me comporto de una forma ridícula. Pero así como se puede estar enamorado de un muerto, también se puede sentir celos de él. Y mi caso es el segundo.

sábado, 18 de febrero de 2017

Extraño bajo la lluvia

La lluvia caía de a baldes desde el cielo, como todos los inviernos de la ciudad. El frío te cala los huesos, y viajas todo el día con la ropa mojada, porque de tanto que llueve sos uno con el agua. De mi departamento a la boca del subte había unas cuatro o cinco cuadras, dependiendo de la línea que quisiera tomar. Para el trabajo era la más alejada, así que ahí estaba, empapándome con la lluvia. El día iba de mal en peor, el subte parecía escupir gente y tragarla cada vez que abría las puertas. Entré porque ya iba muy tarde, siendo aplastada por todos los que suponía iban tan tarde como yo. El viaje no era largo, unas seis paradas después, ya me había bajado, subiendo las escaleras para estar bajo el lluvioso cielo. Me acomodé la capucha de mi abrigo, y con las manos en el bolsillo apuré el paso. Antes de llegar al edificio en el que trabajaba, un hombre apareció de la nada frente mío. Quizás porque estaba mirando hacia abajo distraída, o quizás porque quiso interceptarme, pero fuere como fuere, me llevó puesta, con tanta fuerza que me caí al suelo. Cuando me ayudó a ponerme de pie, sentí algo contra mi mano. Ya parada sobre la vereda, el hombre se fue sin siquiera cruzar su mirada con la mía. Extraño. Iba vestido como cualquier otro, un Jean, una campera, nada fuera de lo común. Volví a retomar mi camino, viendo a mi mano a la vez que caminaba la poca distancia hasta el shopping en donde trabajaba. Un papel doblado. Eso tenía en la mano. El hombre lo había puesto ahí cuando me ayudó a levantarme. Lo guardé en el bolsillo y entré por las puertas, no queriendo que se arruine si estaba escrito o algo por el estilo. Me olvidé del asunto por el momento, como iba tarde y me tocaba abrir a mí, ya había gente esperando, así que me concentré en eso. No que entrara mucha tampoco, porque trabajar en una perfumería con venta de cosmética no era algo que tuviera mucho movimiento, por lo menos no en la mañana, así que muy pronto me encontré girando mis dedos, mientras tomaba un café y miraba a la gente pasar. De vez en cuando alguien entraba a mirar o a preguntar por algún perfume o precio, o solo a probarse el maquillaje y hacerme perder el tiempo, pero como era mucho el tiempo en que no había nadie, tomé mi teléfono y comencé a hablar con mis amistades. Todas ellas con mejores trabajos que el mío, o al menos así lo veía. Cuando quise sacar el celular, recordé el papel. Lo tomé y tras mirar a todos lados, lo abrí. Tenía anotado un número de teléfono, y me resultó de lo más patético que podía haber en el mundo. Ya me había pasado eso antes, pero por lo general en bares o clubs a los que iba con mis amigos, nunca antes en plena lluvia, estando yo en el suelo. Tiré el papel en el cesto y lo dejé pasar. La mañana terminó, llegó la tarde, y con solo dos ventas ese día, a las siete cerré el local y di por terminada la jornada. Cuando estaba por irme, pude ver a lo lejos, al pie de la escalera mecánica al mismo hombre, aun empapado y con la misma ropa que en la mañana, mirándome. Fruncí el ceño y me giré, saliendo del lugar. Apresuré el paso hasta la boca del subte, y por fortuna ya no llovía. El subte llegó prácticamente un minuto luego de que yo estuviera en la plataforma, y pese a tener el abrigo mojado, agradecía que no fuera tan tarde. Cuando llegué a casa, encendí las luces, la computadora y calenté un plato de comida que había quedado del día anterior. Mientras estaba en eso, el celular comenzó a vibrar con la llamada de un número desconocido. Colgué sin siquiera escuchar quien era, no atendía números que no conocía. Seguí con lo mío, cené, me di un baño y luego de terminar de arreglar mis cosas para el día siguiente, me dispuse a dormir. El celular vibró otra vez, pero no le di importancia. Si fuese algo importante me hubiesen llamado.
Cuando me desperté al día siguiente, me enfrenté a la misma rutina. Desayuno, ropa, maquillaje, baño y a la calle, que el dinero no llegaba solo. El día estaba nublado, pero no llovía como el anterior. Mi teléfono comenzó a vibrar a dos cuadras del subte, pero cuando lo saqué de la cartera, la llamada era de un número desconocido. Colgué otra vez y guardé el teléfono. Cuando estaba esperando impacientemente tras la línea amarilla junto con alguna que otra persona, porque había llegado tarde y el subte ya había pasado, mi teléfono comenzó a vibrar una vez más. Al tomarlo vi lo mismo. Colgué nuevamente enojada, y casi al instante me llegó un mensaje de texto del número desconocido. ‘Tenías que atender’. Eso era todo lo que decía, sin firma ni nada. Puse los ojos en blanco y guardé el teléfono. Escuché a lo lejos al transporte que venía y luego una voz profunda y grave detrás mío. ‘Te lo advertí’. Me giré y vi al hombre con la capucha, quien me empujó con todas sus fuerzas hacia las vías, sentí que el aire abandonó mis pulmones.
La alarma sonó esa mañana, me levanté con el corazón agitado y luego fui a prepararme para el trabajo. Mientras desayunaba veía las noticias, nada fuera de lo común, salvo la lluvia. Caminé las cuadras que me separaban del departamento al subte, y de allí unos minutos después hasta mi trabajo. Unos metros antes de entrar un hombre chocó conmigo, disculpándose. Extrañamente se me hacía familiar, pero nada en él era fuera de lo normal, como casi todos ese día, llevaba jeans y campera.

viernes, 17 de febrero de 2017

El ojo de la cerradura

Entonces él miró por el ojo de la cerradura y descubrió que su alma ya no pertenecía a su cuerpo y que su cuerpo no pertenecía al mundo real. Mirar a través de la cerradura fue descubrir un pasado inalterable y un futuro congelado. Donde su cuerpo se detuvo en el tiempo y comenzó a desintegrarse. Vacilando entre vagos intentos de retornar a la materia en descomposición, se vio alejado del punto de inicio que se transformó en el punto final. El fin de una atadura que llevaba años prolongándose hasta que hubo un punto de quiebre que provocó la separación del nudo que por mucho tiempo pareció indisoluble. Voltearse para ver, voltearse para intentar volver. Intentar comprender que la materia sólida en polvo se convierte. Intentar descubrir dónde va el espectro, transparente, delicado, sin luz. Transportar la amnesia de no saber qué fue lo que sucedió, pero recordar, sin embargo, que no está donde debería.
Irse. La manera en la que se fue no correspondió o a lo escuchado por años. Nubes negras no rodearon la materia. No hubo guadaña. El cráneo sonriente con ojos oscuros sin vida no hizo justicia en su aparición, pues allí no estuvo. Solo fue una leve vibración que todo el cuerpo recorrió, y el dorado despertar se convirtió en un doble ensombrecido, teñido en tinieblas, y nunca jamás recuperado. Cuando alejado de la materia estuvo, supo que ya no había manera de regresar. Inalcanzable, inalterable. Se sintió subiendo, pero no vio luz sagrada. Se sintió bajando, pero no sintió calor maldito. No hubo tiempo ni hubo espacio. Solo el destello de aquel último pensamiento que quebró cada parte del desgastado espectro sumergiéndolo en el conocimiento de aquella duda que nadie puede responderse, cuando materia y espectro atados todavía están.
“Y descubrí que no había cielo ni infierno. Que después de la muerte, no hay nada más. Cuando el hilo es cortado, no hay más tiempo, pues la primera brisa de la noche te desvanece. Y es entonces cuando sabes, en el último segundo, que ya no hay vuelta atrás.”

jueves, 16 de febrero de 2017

Opinión: Un muerto y yo. Breve historia de un amor imposible

Como he comentado en una de las entradas anteriores, me encuentro hace dos años enamorada de una persona que está muerta. No voy a revelar la identidad de esta persona, ya que por el momento no me siento lista o del todo segura para hacerlo. Por eso prefiero mantenerla en secreto hasta que yo crea sea el momento indicado de decir quién es. Por ahora, me referiré hacia este individuo como MJ.
Quisiera comenzar con una breve historia que explica cómo fue que MJ se cruzó en mi vida. Hace dos años me encontraba yo mirando un documental en la televisión sobre un tema que dejaré también en suspenso, pues no quiero dar datos demasiado directos de MJ. Bien, en este programa lo nombraron comentando algunos datos de su vida y también cosas que había realizado. Estas fueron las que me llamaron la atención, quedé totalmente intrigada sobre aquello que contaban sobre él. Y claro, como mi curiosidad siempre fue muy grande, tuve que saber más sobre él, incluso contarle a mis conocidos sobre mi descubrimiento. MJ es una persona muy conocida por el mundo, sin embargo yo no sabía de su existencia hasta ver aquel programa.
Jamás supe en ese momento, ni siquiera llegué a imaginar que el conocerlo haría que mi vida diera un giro de ciento ochenta grados.
Y que toda esa curiosidad se volviera amor.
Busqué su biografía en varias páginas web y libros, cada cosa contaba un dato diferente, algo más, algo menos. Pero todas arribaban siempre a los mismos hechos, los más conocidos quizá sobre MJ. Leí desde el día de su nacimiento hasta el de su muerte, y cada vez que leía sobre él, me llamaba más la atención. Pronto busqué más imágenes para así conocer mejor la cara de este individuo. En el documental, mostraban muy pocas fotografías y su rostro no era del todo claro, además de que la foto principal estaba exageradamente alterada. Busqué y busqué fotos sin cansarme hasta que me topé con la que me hizo quedarme tildada, y hasta pensar que era lindo. Era una foto normal, de esta persona, sonriendo. Sus facciones claras, no siendo alteradas. Entonces yo solo continué. Pero no supe detenerme.
Y creo que ahí comenzó todo realmente. Digo “creo” porque no tengo un recuerdo fijo de cuando todos estos sentimientos hacia MJ empezaron a aparecer. Es más, podría decir que tenía una laguna en blanco sobre esa parte. Pero gracias a una amistad, pude recobrar los recuerdos y explicaré en otra entrada el por qué tal vez olvidé ciertas cosas.
En algún momento, después de leer tanto sobre él y ver sus fotografías en las cuales cada vez me parecía más lindo, comencé a sentir cosas que no sabía cómo describir, o cómo sentirme con respecto a esas emociones. Toda la información que había recopilado, todas las fotos que había guardado en mi teléfono o en mi computadora, todo me hacía caer más y más en ese proceso de enamoramiento que fue tan paulatino que no supe qué era o a qué me estaba enfrentando hasta que me di cuenta.
A mí me gustaba MJ, me hacía sentir cosas en el pecho, un ardor extraño que jamás había sentido antes. También me ponía nerviosa cada vez que veía sus fotos o sentía cosas así. En algún momento fue tanta la necesidad de querer conocerlo que tuve que encontrar una forma de explayar todo lo que sentía y lo que imaginaba de él. Cosas que no aparecían en las muchas páginas con biografías que leí. Me gustaba mucho, mucho más de lo que podía entender en ese momento.
Y solo pasó.
Me fui enamorando sin saber qué era eso, y todo seguía normal. Hasta que dejó de sentirse así. Comencé a sentir que no todo estaba bien. Me ponía triste, creía que nada estaba bien. Tocaba fondo. Y muy profundo. Aún hoy lo sigo haciendo. Hubo un momento en que vi algo que me hizo querer morir de tanto dolor que me causó. Sabía que él estuvo casado, sabía el nombre de su esposa, y hasta que tenían un hijo. Pero vi la foto de ellos dos juntos, eso fue para mí como un disparo al corazón. El hombre del que yo me enamoré, amó a otra durante su vida. Evité las fotos donde estaban juntos. Evité todo. Ya no quería leer de él, ni verlo. Pero todo eso se debía al dolor que se había instaurado en mí ser. Cuando pude ver la fotografía, el pecho me comenzó a arder en llamas, mi corazón latía apresurado, mi cuerpo temblaba. Tuve que encerrarme en mi habitación para poder procesar la información. Pero no pude. Por esto estuve muy mal por mucho tiempo, pero luego cesó. No sé por qué ni como, pero cesó.
Y todo siguió como al principio, solo que el amor fue incrementando. Tuve conversaciones enteras con amistades, que pienso sólo me seguían el juego, porque tampoco lograban entender qué sentía. Ni hasta el día de hoy, pasados ya dos años de esto, pueden llegar a entenderlo. Porque nadie puede, a menos que lo vivan en piel propia. Durante estas conversaciones, o quizá confesiones, intentaba expresar todo el dolor que me invadía cuando la obviedad me llegaba a la cara. El motivo por el que no podemos estar juntos me tortura incesantemente.
He llorado tantas veces por MJ, porque el amor que tengo por él es algo inmenso y verdadero. Sé que no es un juego o una estupidez, porque el dolor que siento no es mentira. Pero desgraciadamente no puedo hacer nada para calmar esto. La imposibilidad de estar juntos es tan obvia que no puedo soportarla por momentos. Cada poema que escribo, cada prosa, está dedicada a MJ. Necesito descargarme de alguna manera, pero siempre se me hace muy difícil. No consigo separarme de mis sentimientos y tampoco deseo hacerlo, no me atrevo a perder lo que me hace llorar. Porque lo amo. Esa es la palabra correcta para describir todo esto que me pasa con respecto a él. Y cualquiera que diga que es imposible amar a alguien que no conoces, está totalmente errado. 
Pueden llegar a pensar que es enfermizo, autodestructivo, dañino, o como quieran llamarlo. Pero todo lo que vivo día a día, al batallar constantemente con gente que no sabe por lo que estoy pasando, sólo me acerca más a él. Sólo hace que mi amor crezca y siga creciendo. Y francamente, no va a dejar de hacerlo. No quiero que deje de hacerlo. Porque lo amo, y uno por amor hace todo, sin importar nada.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Augurios de buen tiempo

Nubes de pesadas formaciones,
traen consigo bellas tempestades
Algunas escapan de estaciones,
otras unen amistades.

Cae la lluvia, rebozando desde mi ventana
las veo caer, una a una las gotas.
La vida parece diluviar sus ideas, lejana,
ajena de todo aquello que la agota.

Se anidan sueños en los peldaños,
se entretejen esperanzas, ilusiones,
vivencias de muchos años.
Suena la bocina de los camiones,

cesa el ruido ambiental
lo inunda la obra del hombre.
Estropea lo verde, ensucia la moral
lo deja todo sin nombre,
se vuelve un juego mortal.

Pero de vez en vez, llega gente
dispuesta a cambiar
este mundo de personas sin mente
cuando empiezan a cuidar

este mundo que es de todos
pero que no supieron valorar.
La naturaleza arremanga sus codos
los perdona, y comienza a brotar

de sus suelos fértiles, raíces fuertes
de sus ríos, nació la vida animal
en los cielos, aves que combatieron la muerte
reinaron lo fantasmal.

Resurgió el mundo, habitado por este bello desastre
que hoy transcurre y veo pasar desde mi ventana
con las gotas que caen como puntada de sastre
prolijas y concisas, bajo el sol de la mañana. 
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